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Revista

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Martes 31 de Enero de 2017

La semana pasada el horror nos saltó a la cara una vez más en la civilizada Europa con las imágenes de ese joven africano que se ahogó en un canal de Venecia ante la indiferencia y la burla de los turistas. La muerte en Venecia -lo escribió Thomas Mann- es una dama distinguida, una noticia que el mundo recibe respetuosamente. Pero no hay que olvidar que Mann también fue uno de los primeros que olisqueó el perfume asqueroso del fascismo, el mismo que ya había gangrenado Italia y Alemania y que luego pudrió nuestro país de arriba abajo. Nosotros estamos tan acostumbrados a su pestazo que no podíamos sorprendernos, pero en Italia y en el resto de Europa han comprendido al fin que el fascismo siempre estuvo allí, que nunca se fue del todo. Donald Trump estaba también asomado a la borda del vaporetto, orondo y sonriente, preguntándose por qué el chaval no se agarraba al salvavidas, haciendo chistes sobre la torpeza natatoria de los negros, hablando una vez más claro y sin tapujos
Trump en Venecia
David Torres - Punto de Fisión, Público